El robo “teocrático” del siglo

A principios de 1921 se inauguró un monumento que representaba un proyecto de amor de parte de la Sociedad Watch Tower, el cual pretendía honrar la memoria de algunos de los primeros hombres y mujeres que dieron sus vidas en el servicio de Jehová, incluyendo por supuesto, a Charles Taze Russell.

El monumento, en forma de pirámide, se erigió muy cerca de la tumba de Russell en los United Cementeries, en Pittsburgh.

La estructura fue diseñada por J. Adam Bohnet antes de la muerte de Russell y fue aprobada por él. Su base mide 2.7 metros por lado y 1.8 metros de alto. Está hecha de cuatro piezas triangulares de granito rosado natural apoyadas entre sí, con una piedra angular en la punta uniéndolas a todas. Las piezas fueron selladas en las uniones con cemento para resistir el paso del tiempo, el cual resistió, al menos por 70 años. Fue diseñada para ser hueca, con una base de concreto macizo de alrededor de un metro y medio de profundidad. Esta base está a nivel, mientras que el terreno en donde está sentada tiene declive, por lo que se puede ver parte de la base desde ciertos ángulos.

Diseño original de J. Adam Bohnet publicado en el reporte de asamblea de 1919

Las cuatro caras de este monumento contaban con el grabado de un libro abierto, y el monumento había sido pensado para estar en el centro de un lote especial reservado para miembros de la familia Betel, peregrinos y colportores de la Watchtower. La idea era grabar en las páginas del libro de piedra los nombres de los que fueran enterrados en dicho “lote especial de Betel” en el United Cementery, conforme fueran muriendo. Sin embargo, solo fueron grabados nueve nombres en las páginas del monumento, dejando mucho espacio disponible antes de que la idea fuera abandonada.

A continuación viene lo interesante, según el plan original, el monumento iba a contener en su interior una cápsula del tiempo, un paquete con objetos y publicaciones de la Sociedad relacionadas con la época del Pastor Russell.

Esto se comentó cuando la idea fue discutida por primera vez en el reporte de la asamblea de 1919. El párrafo relevante era una declaración de intención:

“Dentro de la estructura, encerrada en un bloque de granito, estará una caja de metal sellada que contendrá un juego completo de los Estudios de las Escrituras de Karatol, la Atalaya Memorial, uno de cada uno de nuestros tratados, fotografías del Pastor Russell y una copia de la carta de constitución de la Sociedad, y muchas otras cosas de interés para la gente que en un futuro abra la pirámide y los encuentre”.

Los Estudios “Karatol” es una edición de 1918 de los siete tomos de Estudios de las Escrituras, escritos originalmente por C.T. Russell, que estaban encuadernados con un material tipo imitación piel, con hojas delgaditas como de Biblia llamado así.

Estudios de las Escrituras edición Karatol

La Atalaya “Memorial” probablemente se refiere al número del 1 de enero o el del 15 de abril de 1912 que fueron ediciones especiales a color de la revista. O pudiera referirse también al número del 1 de diciembre de 1916 la cual fue un número especial sobre la muerte de C. T. Russell

Portada del número del 1 de Enero de 1912

Cuando el monumento fue completado y el evento cubierto por el periódico New Era Enterprise del 10 de febrero de 1920, el plan no había cambiado. El Enterprise reportó:

“En el interior del monumento hay una piedra hueca que contiene una copia de toda la literatura de la Sociedad, fotografías del Pastor, una copia de la carta constitutiva de la Sociedad y otros documentos que algún día en el futuro no muy distante tal vez salga a la luz, por ahora sellado”.

Años después, cuando George Swetnam escribió su artículo “Un Hombre y su Monumento” para el Pittsburgh Press en la sección Revista Familiar del 25 de junio de 1967, página 7, comentó sobre este material:

“Cerca de la cima de la colina en Cementery Lane, entre Babcock Boulevard y U.S. 19 en Ross Township, se encuentra uno de los monumentos más extraños de todo el condado de Pittsylvania. Es una pirámide de granito, quizás de diez pies cuadrados, y está llena de libros, revistas y otros documentos, sellada herméticamente en espera del fin de los tiempos”.

Desgraciadamente no duró así hasta el fin de los tiempos, ya que el saber que dentro había un “tesoro”, para cierto tipo de persona (probablemente esto no incluye a ningún testigo de Jehová practicante) resulto demasiada tentación.

Para noviembre de 1991, la pirámide seguía intacta. Sin embargo, un visitante comentó que el cemento que unía las piezas se estaba cayendo en algunas zonas y al parecer se estaba filtrando agua al interior. Evidentemente su integridad estaba ya muy comprometida, lo cual sin duda fue un incentivo para las mentes criminales.

Foto del monumento en noviembre de 1991

El monumento no era cosa sencilla de abrir. Por ejemplo, en uno de los lados tiene marcas que parecen ser mazazos revelando uno de los intentos por abrirlo. Pero al saber que se trataba de una estructura hueca, con cuatro piezas inclinadas apoyándose unas en otras, no fue tampoco demasiado complicado desprender uno de los lados y voltearlo o deslizarlo, para revelar el interior y su contenido.

Para 1993 o 1994 el golpe fue consumado, la pirámide fue abierta y su contenido robado. Esta foto pretende ser la evidencia del momento del robo:

En realidad, estos jóvenes no fueron los responsables del delito, ellos simplemente estaban posando junto a la pirámide fingiendo remover una de las caras. La foto se tomó muy pocos días después del verdadero atraco. La sorpresa es que estos jóvenes encontraron la pirámide vacía, sin embargo reportaron haber encontrado pedazos de piedra y cemento quebrados adentro, algunos de buen tamaño, lo que confirma la existencia del contenedor con los objetos.

El monumento fue rápidamente reparado, sin embargo, ese no fue el último acto vandálico que experimentó. Las siguientes fotografías se tomaron en el año 2000:

Las fotografías muestran el interior de la pirámide. Fueron tomadas por el personal del cementerio quienes se encargaron de reparar el daño días después del segundo acto vandálico.

En el interior solo encontraron pedazos de piedra. Estos reparadores buscaron en los alrededores para ver si encontraban rastros del contenedor o los documentos robados, sin saber que estos habían sido sustraídos casi una década atrás. Sin embargo, los trozos de piedra en el interior sugieren que efectivamente hubo algún contenedor dentro, el cual habría sido quebrado, abierto, y su contenido robado.

En realidad no existen pruebas absolutas de que las publicaciones en realidad hayan sido colocadas ahí. La intención sin duda era esa, pero como en todo, existe la remota posibilidad de que en el último momento se hubieran arrepentido de la idea y cambiado de opinión, o pudiera estar la caja ahogada en la base de concreto de la pirámide en lugar de haber sido puesta en la zona hueca del monumento. Sin embargo, al ver las fotos del interior, y tomando en cuenta el testimonio personal de los encargados de reparar y resellar el monumento, la conclusión más lógica es que sí había dentro un contenedor con publicaciones, y que efectivamente fue robado por los primeros vándalos que abrieron la pirámide.

Si tomamos en cuenta la fecha en la que este material fue colocado en la pirámide, es decir en 1920 cuando el monumento fue sellado, no parece ser que el contenido fuera algo extraordinario o que no pudiera conseguirse de otra manera.

De hecho por esos años las oficinas de Betel fueron movidas de Pittsburgh a Brooklyn, luego de nuevo a Pittsburgh, y de regreso a Brooklyn. Y considerando que en 1919, cuando se tenía el proyecto de publicar las reimpresiones de la Atalaya por primera vez en volúmenes la Sociedad tuvo que pedir algunos números prestados a los lectores debido a que no guardaron una copia en Betel, lo que revela que su propio archivo histórico estaba incompleto, resulta poco probable que hubiera allí algún documento o manuscrito mucho más raro que los tratados, revistas y libros disponibles en ese año, mismos que por uno u otro medio, también están disponibles en la actualidad.

Quizás lo más raro y sobresaliente sea el contenedor metálico mismo en donde estaba la literatura, pero, de nuevo, a menos que tuviera grabado el logotipo de la Watchtower, tampoco podría reconocerse de cualquier otra caja metálica.

Seguramente la idea de los hermanos que en su momento dirigieron la construcción de este monumento y la colocación de la “cápsula del tiempo” en su interior, era extraer estas joyas teocráticas después del Armagedón, y mostrar a los asombrados sobrevivientes las publicaciones que la organización utilizó en sus inicios. No se imaginaron que la avaricia del hombre impediría tal feliz acontecimiento, y con toda seguridad tampoco se imaginaron que antes de que llegara el fin se inventarían las computadoras, los scanners, y el internet, de manera que dichos documentos (y otros mucho más antiguos) estarían disponibles en formato digital para delicia de cualquier investigador, amante de la historia o curioso que quisiera conocerlos.

Nota: Gracias a AW, BK, CG y DB por algunas de las fotografías y a Jerome por la gran mayoría de la información de este artículo.

Be First to Comment

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *