Por qué “la ciencia” nunca va a encontrar a Dios

La ciencia está en un altísimo pedestal en la mente de la mayoría de la gente. Como bien menciona Yuval Noah Harari en su libro “De animales a dioses”, la revolución científica provocó un cambio más drástico en la forma de vivir del ser humano en los últimos 500 años que en los 5000 años anteriores.

La ciencia ha hecho descubrimientos asombrosos en los últimos siglos, y en los últimos años, el avance tecnológico asociado a los descubrimientos científicos ha hecho que el prestigio de los investigadores se eleve al nivel que en centurias pasadas solo tenían los profetas, líderes religiosos, y guías espirituales.

Sin embargo, así como la gente en siglos pasados veía como autoridades definitivas a los líderes religiosos y no se cuestionaban de dónde venían sus enseñanzas sino que las aceptaban como ciertas solo por quién las decía, hoy en día sucede algo similar con “la ciencia”, pero pocos se detienen a pensar ¿quién es La Ciencia? Y mucho menos hacen sus propias investigaciones para comprobar si lo que La Señora Ciencia dice es correcto, o si lo que leyeron o escucharon en las noticias que “la ciencia ha comprobado” es realmente algo digno de aceptarse sin más.

A veces se presenta a La Ciencia como si se tratara de un ente como tal, como si fuera un ser único y autónomo que toma la decisión final en cuanto a cómo es cierto asunto, pero la verdad dista mucho de ser así. En primer lugar, no existe un organismo, instituto, o personaje llamado La Ciencia. Más bien existe la comunidad científica que como toda comunidad, está compuesta por un grupo de personas heterogéneo, las cuales no siempre están de acuerdo entre sí, y en muchas ocasiones tienen opiniones opuestas con respecto a algún tema en particular. Por esa razón, resulta bastante inexacto decir “la ciencia ha comprobado que…” cuando más bien deberíamos decir: “un estudio realizado por el científico Fulano de Tal, llegó a la conclusión de que….”, en realidad puede haber cientos de estudios sobre el mismo tema y no necesariamente han llegado a la misma conclusión, e incluso cuando la mayoría de los científicos hoy en día lleguen a la misma conclusión sobre un tema, en la comunidad científica es generalmente aceptado que ningún descubrimiento es final, es decir, mañana podría descubrirse algo que contradijera lo que siempre hemos creído y los investigadores por lo general dicen tener la humildad para aceptar los errores cuando nuevas investigaciones los hagan evidentes.

Hay ejemplos claros de esto, como el hecho de que existen centenares de estudios “científicos” realizados a principios del siglo XX que “demuestran” que los seres humanos de raza blanca son más inteligentes, limpios y pacíficos que los de raza negra. Estudios antropológicos e históricos más recientes han revelado que los negros han adoptado esas características debido a los maltratos de que fueron víctimas cuando se les vendió por miles como esclavos, y se les eligió a ellos por una simple cuestión logística. Biológicamente no hay ninguna diferencia en su ADN con respecto al resto de la humanidad, salvo el tono de piel y el tipo de cabello.

¿Y qué tiene que ver todo esto con Dios? Eso nos lleva a otro fenómeno que generalmente ocurre entre la gente poco informada (pero que cree que está muy informada). Como los científicos suelen ser personas inteligentes, es generalmente aceptado que una persona inteligente debe creer y estar de acuerdo con lo que “la ciencia” dice. Además, los científicos suelen estar en contra de todo lo sobrenatural ya que esto no tiene una explicación científica. De tal manera que los investigadores se empeñan en encontrar una explicación que no involucre nada sobrenatural a las cosas, haciendo que cualquier explicación, por más ilógica o absurda que sea resulte mejor que aceptar la idea de que una fuerza sobrenatural (Dios) pudiera haber intervenido.

De manera que el pensar que Dios sea el responsable de algo, para muchos científicos es impensable, más bien significa simplemente que no hemos encontrado la explicación a tal cosa. El hecho de que los científicos rechacen lo sobrenatural ha hecho que mucha gente rechace la existencia de Dios como una simple forma de obtener estatus, piensan que es más inteligente creer que todas las cosas que existen se hicieron de la nada por medio de un proceso ciego y carente de dirección inteligente que pensar que existe un diseñador inteligente detrás de todo, como lo hay detrás de todas las maravillas que la tecnología moderna nos ha regalado.

Ese es un pequeño problema que por sí solo hace muy difícil que la ciencia algún día reconozca la existencia de Dios, pero existe uno muchísimo mayor.

La ciencia es por encima de cualquier otra cosa, un negocio. Es cierto, hay muchísimos científicos que se dedican a los estudios de la naturaleza por el amor que le tienen a la materia que estudian, sin embargo, toda investigación científica cuesta dinero, y requiere financiamiento, y en la gran mayoría de los casos ese financiamiento viene del gobierno, quien busca intereses políticos o económicos detrás de todos y cada uno de los estudios que financia. Los estudios que son financiados por iniciativa privada con mayor razón tienen fines lucrativos de fondo. De nuevo, no estamos hablando de los investigadores, quienes en muchos casos renuncian a todo con tal de hacer algún descubrimiento por puro amor a la ciencia, sino de quienes pagan por dichos estudios, quienes más bien están pensando en el provecho que sacarán de los resultados de la investigación.

Por otro lado, existe un nivel altísimo de corrupción dentro de las editoriales científicas. Normalmente nos enteramos de los descubrimientos científicos a través de los únicos medios que tienen “credibilidad”, es decir las revistas científicas. Las revistas científicas publican los “papers” de los investigadores que de otra manera no tendrían forma de dar a conocer sus investigaciones y las conclusiones de las mismas. El problema es que las revistas son un negocio. Las revistas venden los artículos científicos a precios muy elevados, incluso a otros científicos que estén investigando sobre la materia. La razón por la que los científicos optan por recurrir a dichas revistas y no publicar de manera independiente sus estudios es, principalmente, por que la revista antes de publicarlos supuestamente los analiza, y son avalados por otros expertos en la materia que avalan la investigación, de esa manera, si yo publico un artículo o una investigación científica en mi blog, nadie la va a tomar en serio, pero si aparece publicado en la revista Science o Nature todo el mundo dirá que mi artículo es la opinión de “La Ciencia” o por así decirlo, que forma parte de alguna especie de canon científico (muy parecido a lo que se conoce como dogma en los ámbitos religiosos). De esa manera, las editoriales científicas tienen amarrados a los investigadores, quienes dependen completamente de ellas si quieren trascender.

El asunto es que los investigadores, con el afán de poder publicar sus artículos en dichas revistas, han tenido que obedecer lo que las editoriales les exigen, es decir, escribir “ciencia” que venda. Las editoriales rechazarán los artículos que sean menos vendibles, y que puedan demeritar su estatus como autoridad científica, de manera que los pobres investigadores tienen que escribir lo que la revista quiere, o se arriesgan a que el trabajo sea rechazado.

Ese ha sido el caso de muchos científicos, incluso algunos después de ser aprobados sus trabajos, estos fueron posteriormente rechazados, es el caso de lo que ocurrió en 2016:

El 5 de enero de 2016, un artículo revisado por pares y publicado en la revista PLoS ONE tuvo que ser retirado. El documento exploraba el vínculo entre la arquitectura biomecánica de la mano y su capacidad para coordinar los movimientos, pero en el proceso los investigadores usaban términos con mensajes creacionistas y religiosos. Afirmaban que “la coordinación de la mano indica el misterio de la invención del Creador”, o que “el diseño fue dado por el Creador para realizar multitud de tareas diarias de una manera cómoda”, entre otras frases.

Evidentemente, esto provocó estupor en la comunidad científica pues la mención a un “creador” debería haber hecho sonar las alarmas de los revisores. Los mismos revisores que para cuestiones de marketing son tan estrictos y que hacen a más de un investigador claudicar a la hora publicar su trabajo. En cambio, varios expertos “leyeron” el artículo y recomendaron la publicación sin consultar o enmendar los pasajes.

El artículo fue revisado y republicado posteriormente cambiando la palabra creador por naturaleza. Los autores del trabajo tuvieron que disculparse por haber dejado entrever de alguna manera la idea de que existiera un creador.

Hoy en día la gran mayoría de los científicos buscan ser reconocidos en esa comunidad científica y los mismos gobiernos, universidades e instituciones evalúan a los investigadores sobre la base de cuántos artículos tienen publicados en las revistas científicas más respetadas. Las revistas a su vez, determinan lo que se publica en base a los ingresos económicos que esto les pueda proveer, y desgraciadamente, Dios no vende bien en los círculos de gente “inteligente”.

La mafia editorial que controla lo que el mundo llega a conocer de las investigaciones científicas actuales es el impedimento más grande que tienen los científicos honrados y la gente común para siquiera intentar meter a Dios en la ecuación, simplemente parten desde la premisa de que Dios no existe, y empiezan a formular sobre esa base, pero, ¿quién decidió que Dios no existe? ¿Por qué no considerar esa posibilidad y sí considerar que otra fuerza sin inteligencia ni propósito haya creado un mundo increíblemente complejo e interconectado?

Tristemente, jamás veremos publicado un artículo científico en el que se reconozca que el big bang no tiene ningún sustento lógico, en el que se detalle cómo es tan poco probable el que organismos “simples” como las proteínas se hayan creado de la nada que debería ser considerado imposible (según los criterios de La Ciencia). Cómo carece de explicación el que las plantas y animales víctimas de un proceso evolutivo ciego e independiente, hayan creado un balance perfecto y una interdependencia absoluta a través del ciclo del oxígeno-dióxido de carbono, cómo carece de fundamento absoluto el hecho de que un género animal pueda evolucionar hasta llegar a ser un género distinto. Cómo las evidencias de un “antepasado común” de las especies, no es más que la “firma del autor” de la mano que creó tanto una como la otra.

La ciencia no contradice la existencia de un creador, es solo que los individuos que lucran con ella nos han hecho creer que seremos más inteligentes si negamos su existencia, y nos han hecho tontos vendiéndonos (literalmente) fantasías que tienen como objetivo que seamos cada vez más tontos, mientras creemos que somos cada vez más inteligentes.

 

Bibliografía:

Yuval Noah Harari – Sapiens. De animales a dioses: Una breve historia de la humanidad – 2015 – DEBATE

 

https://youtu.be/6MQ8R0OyvyQ (nobelprize.org)

 

https://es.gizmodo.com/como-las-editoriales-cientificas-controlan-y-manipulan-1796717727

 

https://www.theguardian.com/science/2016/mar/07/hand-of-god-scientific-plos-one-anatomy-paper-citing-a-creator-retracted-after-furore

 

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