La eterna batalla, Vinil o Mp3, ¿cual es mejor?

Llevo meses ya pensando en escribir este artículo sobre si realmente la música en formato Vinil es mejor que en formato digital (CD, mp3 etc). Y eso me remite a cómo llegué yo a escuchar música en Vinil en primer lugar. Siempre he sido un amante de la música, desde muy chico me llamó la atención aprender a tocar instrumentos musicales, y aun que no soy músico profesional ni experto en ningún instrumento, sí soy experto en escuchar y disfrutar la música en todas sus formas.

Así, en mi búsqueda por los sonidos perfectos empecé a investigar cómo disfrutar más y escuchar mejor la música, y me encontré vasta información (muchas veces contradictoria) sobre los formatos y la calidad de audio. Al final me enteré que los equipos más caros de audio que existen hoy en día son equipos que constan de tornamesas y amplificadores de bulbos.

Me enteré que los puristas del audio o “audiófilos” gastan cientos de miles de dólares en equipo análogo, tornamesas, etc. buscando el sonido más puro posible y descubrí que científicamente es cierto, la música en vinil (en condiciones perfectas) tiene mejor sonido que la música digital. La razón es simple. La música digital está comprimida.

¿Qué hace al vinil mejor?

Es lo mismo que con las imágenes. Pongamos por ejemplo una fotografía digital contra una fotografía tradicional (negativo). Si ponemos una lupa al negativo y aumentamos el tamaño, no vamos a alcanzar a ver ningún pixel, si le ponemos un microscopio tampoco vamos a ver ningún pixel. De un negativo puedes obtener una fotografía que puedes ampliar a tamaño poster y nunca vas a ver los pixeles en ella. Otro ejemplo es la pintura. Si yo agarro un lienzo y hago una pintura con óleo (o cualquier otro tipo de pintura), le puedo poner una lupa o un microscopio y jamás voy a ver un pixel, y si quisiera digitalizar esa pintura en su calidad total, tendría que escanearla de manera que pudiera ampliarla miles de veces y en lugar de ver pixeles, llegara a ver la composición química de la pintura, o el lienzo que está debajo. Eso simplemente no es posible en un formato digital.

En el caso de la música es muy similar. Los sonidos son ondas, son cosas analógicas, físicas, para captar en un formato digital una onda completa con su forma perfecta y original necesitaríamos muchísimo espacio de almacenamiento, haciendo casi imposible su distribución a medios masivos. El vinil, en cambio, se siendo un medio analógico, es decir algo físico, podríamos llamarlo orgánico, no tiene esas limitaciones (tiene otras). En la creación de un disco de vinil (idealmente), el sonido pasa limpio y completo desde una cinta magnética a través de una aguja que vibra dejando un surco (groove) en un disco de un material blando llamado laca. De esa manera, ese surco tiene registrada esa vibración exacta que fue producida por ese sonido o mezcla de sonidos.

A partir de esa grabación se genera un master de algún material muy duro (usualmente metales como plata, cobre y acero). Ese master de metal es el molde que se usará para hacer todas las copias en vinil, que serán una copia exacta del master original que recibió el corte por la aguja que estaba reproduciendo la grabación original pura.

Entonces, ya en nuestro equipo en casa, la tornamesa invierte ese proceso. Una aguja recorre el surco del disco de vinil que contiene la grabación y ese surco hace vibrar la aguja de nuestra tornamesa en exactamente la misma forma en que vibró cuando fue grabado, enviando ese sonido por el cable hasta nuestro amplificador y finalmente a las bocinas, reproduciendo la música exactamente como fue grabada por el artista, sin perder ni el más mínimo detalle de ella.

Por otro lado, la música digital está comprimida, o por así decirlo está “pixeleada”. Ha sido mutilada dejando solo lo esencial para poder ser escuchada y que la mayoría de los cerebros humanos no noten la compresión, y mientras más se comprima, menos pesa cada archivo pero se va haciendo cada vez más perceptible la disminución de la calidad. Todo esto en pro de la portabilidad, el tener acceso inmediato a la música, y poder almacenar miles de canciones en espacios físicos minúsculos.

Todo esto sobre el vinil es en realidad teoría. En un ambiente de laboratorio y bajo condiciones extremadamente controladas sí, efectivamente el vinil tiene mucho mejor calidad de sonido que un mp3. Desgraciadamente, hay otras desventajas.

Desventajas del vinil.

Los discos de vinil difícilmente se pueden mantener en condiciones óptimas con el paso del tiempo. Cada vez que la aguja recorre nuestro disco de vinil este se va desgastando lentamente. También el polvo que le cae encima produce ligeras alteraciones al sonido. Cualquier vibración externa que haya en el ambiente, como por ejemplo la misma vibración que produce el motor que hace girar el disco va a ser captada por la aguja de la tornamesa alterando la calidad del sonido.

Además, el equipo que utilicemos (cableado, amplificador, bocinas, etc) todo afecta a la reproducción final del sonido. A esto le sumamos que a veces en la misma producción de los vinilos puede haber pequeñas fallas o si se fue una viruta de polvo al grabar el master eso alterará todas las copias que se hagan con ese master.

Entonces, si queremos escuchar la música perfectamente como fue grabada, necesitamos empezar por comprar discos de buena calidad, una tornamesa que tenga un motor que no produzca vibraciones y gire a velocidad constante y correcta, una aguja de calidad suficiente para que capte el sonido como debe ser, tener la tornamesa ajustada de maneta perfecta para evitar distorsión, un cableado que aísle las interferencias eléctricas o magnéticas externas, un mueble en donde tengamos todo el equipo colocado que sea a prueba de vibraciones, un preamplificador y un amplificador que sea de alta fidelidad (preferiblemente de bulbos) y nos mande el sonido limpio a las bocinas, que también deben ser de la más alta calidad para que podamos escuchar la música de manera perfecta.

Y la pregunta es ¿Cuanto puede costar todo eso? La respuesta es, MUCHO. Por poner un ejemplo, hay agujas de tornamesa (la pura aguja, no el cartucho ni el brazo) que cuestan más de $850 dólares. Hay tornamesas de $25,000 dólares, amplificadores de $10,000 dólares, y ahí le paramos por que hay gente que ha gastado $500,000 dólares en armar un equipo de sonido “perfecto” para tocar discos de vinil, y luego compran el disco perfecto, y se les cae al ponerlo y se raya.

¿Entonces, por qué escuchar vinil?

Bueno, esto que acabo de mencionar es suficiente para desanimar a muchos, pero hay buenas noticias. La música nunca ha sido un asunto de perfección. De hecho yo creo que es todo lo contrario. La música es una expresión artística del sentimiento y la emoción del ser humano a través de los sonidos, y nuestros sentimientos y emociones son todo menos perfectos.

Parte de la belleza de la música es cuando el intérprete acelera o ralentiza ligeramente el ritmo fuera de lo que es su compás, cuando se alcanza a escuchar el roce de los dedos sobre las cuerdas de la guitarra que no es propiamente la nota que se está tocando, cuando se escuchan todos los armónicos que genera un acorde en el piano al hacer vibrar las demás cuerdas que el pianista ni siquiera está tocando pero que vibran al ser estimuladas por las ondas que produjo la cuerda que sí fue tocada. Eso le da vida, le da cuerpo, le da precisamente la emoción a la música, podríamos decir que es lo que le da “alma” a la música.

Entonces, ¿por qué querer escuchar la música de manera perfecta? Bueno, en realidad yo creo que lo que disfrutamos más es la falta de perfección de la música, pero los “errores” o imperfecciones que queremos escuchar son errores humanos, y no compresión computarizada. Si al tocar el disco se escucha de vez en cuando un ligero pop o hiss, eso hasta cierto punto le añade vida a la música, siempre y cuando no sea excesivo que opaque el arte del artista. En cambio, si perdemos por completo ciertas frecuencias o subimos un poco el volumen y se distorsiona la música, o esta no tiene claridad, nitidez y no podemos distinguir un instrumento de otro ni los detalles expresivos de los instrumentos (fallas típicas de la música digital de alta compresión), ese es el tipo de imperfecciones que no podemos tolerar, no son de hecho imperfecciones ocasionales humanas, son más bien decrementos de calidad intencionales y consistentes producto de la compresión digital.

La razón más poderosa de todas

Existen otras importantes razones para escuchar música en vinil y no en mp3 o CD. Incluso si nuestro oído no es lo suficientemente bueno o capaz para detectar la diferencia en la calidad de sonido, o si nuestro equipo de sonido no tiene la capacidad de reproducir la música a la perfección. Como dije, la música es una experiencia emocional, y la música en vinil es la experiencia más completa que podemos conseguir.

No tiene nada de emocional ni único entrar a iTunes y darle “comprar” a una canción que nos gusta, y al instante poderla escuchar, o peor aún, entrar a un sitio de descargas ilegales y descargar gratis esa canción, y escucharla por unos audífonos de 3 pesos o en las bocinas de una laptop, sin portada, sin el resto de las canciones, sin algo físico que puedas tomar con tus manos y decir, aquí está lo que compré.

Un paso más es ir a la tienda y comprar un CD tan pequeño que apenas se aprecian los detalles del arte de la portada y ponerlo en el aparato de CD y darle skip, skip, skip hasta la canción que nos gusta y luego poner la opción de “repeat 1” y escuchar solamente esa canción un montón de veces.

Eso hasta cierto punto está bien, al final de cuentas estás escuchando la música. Pero no tiene punto de comparación con el despliegue de emociones que significa ir a la tienda de discos, ir pasando con las manos de un disco a otro, observando las portadas enormes hasta encontrar el que queremos, tomarlo entre las manos, voltearlo para leer la lista de canciones, comprarlo y sentir que realmente compramos algo, algo grande, pesado, de buena calidad. Y sentir la urgencia de ir a ponerlo, después llegar a casa, sacar el disco de su sobre interior, observar la etiqueta, colocarlo con cuidado en la tornamesa, encender el motor y verlo girar, poner la aguja sobre el borde y escuchar cuando las bocinas detectan el surco antes de que la música empiece a sonar.

Entonces empieza la magia, comienza a escucharse la música y mientras la escuchas y te maravillas de que la voz, los instrumentos, todo pueda estar grabado en esas pequeñas onditas y pasar por esa aguja hasta tus oídos, abres la cubierta del disco, ves de cerca la portada, si tiene algún insert o las letras o algo estás ahí sentado disfrutando de la música mientras tienes en tus manos esa portada, la música que compraste, y escuchas el disco completo, en el orden que el artista o la disquera pasó tanto tiempo en decidir que era el mejor orden en el cual escuchar ese álbum, y cuando estás por llegar a la canción que más te gusta estás ansioso por que ya comience, y empieza y la disfrutas de principio a fin, y entiendes lo que el artista quería transmitir con el disco entero, y puedes realmente sentir los sentimientos que el disco tiene ahí dentro, y te puedes embeber en toda la experiencia que es la música.

A mi me pasa que estando así escuchando un disco, me dan unas ganas tremendas de sentarme al piano y acariciar las teclas aun que no pueda tocar lo que estoy escuchando, o tomar la guitarra y estar ahí jugando con ella mientras trato de tocar lo que estoy escuchando. La música es orgánica, es natural, es vívida, hasta puedes sentir que el artista está ahí en tu sala, cantando y tocando para ti.

Nada de eso puedes obtenerlo escuchando música en mp3, lo siento. Los CDs se parecen un poco al vinil y la calidad de sonido es excelente, pero también pierden el factor sensorial, visual y táctil de la experiencia del vinil.

La música en vinil puede dejar recuerdos imborrables en la memoria, siempre recordarás con cariño el primer disco que tuviste o ese disco que tocaste tantas veces hasta tener que comprar otra copia de tan desgastado que quedó.

Por supuesto, el vinil es para ciertas ocasiones, cuando estás en casa y quieres disfrutar esa experiencia al máximo, pero para muchas otras circunstancias de esta vida ajetreada, como cuando vas en el auto, estás en el gimnasio, en la oficina o caminando por la calle, nada puede superar la practicidad y portabilidad de los formatos digitales, es una cuestión de cambiar calidad por practicidad. Yo prefiero disfrutar lo mejor de los dos mundos, y por eso escucho y seguiré escuchando discos de vinil.

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